> Posted by Gabriela Zapata, Independent Consultant

A Spanish-language version of this post immediately follows the English version.

With so much hype around and support for financial education initiatives in Mexico in recent years, CFI’s and JPMorgan Chase & Co.’s project on innovations in financial capability-building provides a great opportunity to see who is actually moving the needle (or not) in favor of developing financial capability in Mexico.

Here, the terms financial capability and financial education are often used interchangeably. While the ultimate aim of these closely related efforts is to enable people to make informed and better decisions around financial products and services, the positive behavior change that is sought from these efforts, with very few exceptions, is neither clearly defined from the outset nor measured.

Most initiatives in Mexico fall under what I would call “classic” financial education, focusing on information dissemination, either classroom-based or online, primarily on generic topics (e.g. savings, credit, insurance, interest rates, credit card, etc.), money management, and budgeting/planning. Unsurprisingly, it is much easier to account for their activities and outputs (e.g. type and number of courses and materials developed; number of courses given; number of attendees) than to measure their impact on decision-making. Only a few undertakings measure knowledge acquisition or learning levels right after the intervention, and they have no way of knowing how, in practice, the learning informs consumer decision-making going forward.

This raises the question: what difference have all these programs and investments actually made in anyone’s financial lives? Developing financial capability implies behavior change, and the only way to know whether you’ve accomplished it is by knowing what behavior you want to see and finding ways to measure it. Otherwise, we may be full of good intentions but how can we know for sure that our intentions are materializing into positive financial behavior?

While the financial capability landscape in Mexico remains sparse, some provider initiatives are beginning to show promise. They are beginning to acknowledge, to varying degrees, the importance of generating positive behavior change among financial services’ users, be it for the clients’ own benefit, the providers’ profitability, or both.

Amongst the largest financial education platforms in Mexico are those of BBVA Bancomer, Banamex, and BancoAzteca, which are variations on one-way information delivery mechanisms to the public. At the time when the study was conducted, none of them were measuring these programs in relation to value for new business but they did express interest in understanding the efficacy of their programs and have begun to take initial steps towards measuring behavior change.  The business side of these banks is already experimenting with capability-building efforts built into product delivery, and these are among the most innovative aspects of their financial capability work that will be worth following in the future (more on these innovative aspects in the report).

Additionally, dotting the Mexican landscape are a number of innovative service providers—both financial service providers and independent technology platforms—that enhance the provision and uptake of financial services and can be leveraged to help clients understand, visualize, and manage their finances. All are relatively recent initiatives and none have yet reached scale but they show promise, such as kubo.financiero, kiwi, and ZaveApp, to name a few.

However well-intentioned most government and private–led efforts to promote financial education may be, it is time to move away from only counting the numbers of financial education kits produced, courses held, and people trained and move into generating intentional, tangible, and measurable differences in people’s financial lives, by helping them develop the capabilities that will enable them to make the right financial choices at the right time.

To access the CFI’s financial capability project, click here, and for the project’s review of interventions in Mexico, click here.   

Llevando la educación financiera hacia la creación de capacidades financieras en México

Con tanto bombo y apoyo en torno a las iniciativas de educación financiera en México en los últimos años, el proyecto sobre innovaciones en capacidades financieras del CFI y JPMorgan Chase & Co. presenta una gran oportunidad para ver quién está moviendo realmente el marcador (o no) a favor del desarrollo de capacidades financiera en México.

Aquí, los términos de capacidad financiera y educación financiera se usan indistintamente. Si bien el objetivo final de ambos esfuerzos, estrechamente relacionados entre sí, es que las personas puedan tomar decisiones informadas y mejores en torno a productos y servicios financieros, con muy pocas excepciones, el cambio de comportamiento positivo que se busca a partir de ellos no está claramente definido desde un inicio, ni es medido.

La mayoría de las iniciativas en México se categorizan bajo lo que yo llamaría una educación financiera “clásica”, enfocada en la difusión de información, ya sea en aula o en línea, principalmente sobre temas genéricos (por ej.: ahorro, crédito, seguros, tasas de interés, tarjeta de crédito, etc.), la administración del dinero y la planificación o realización de presupuestos. Como es de esperar, es mucho más fácil contabilizar las actividades y resultados de estas iniciativas (tales como el tipo y número de cursos y materiales desarrollados, el número de cursos impartidos, el número de asistentes), que medir su impacto en la toma de decisiones de las personas. Algunas iniciativas miden los niveles de aprendizaje justo después de la intervención, pero no tienen manera de saber cómo, en la práctica, el aprendizaje informa la toma de decisiones de los consumidores a futuro.

Esto nos lleva a plantear la pregunta: ¿qué diferencia han hecho todos estos programas e inversiones, concretamente, en las vidas financieras de la gente? El desarrollo de capacidades financieras implica un cambio de comportamiento, y la única manera de saber si lo has logrado es sabiendo cuál es el comportamiento que deseas ver, y encontrar la forma de medirlo. De lo contrario, podemos estar llenos de buenas intenciones, pero ¿cómo podemos estar seguros de que nuestras intenciones se están materializando en un comportamiento financiero positivo?  Si bien las experiencias en capacidades financieras en México siguen siendo escasas, las iniciativas de algunos proveedores resultan prometedoras.  Dichos proveedores han comenzado a reconocer, en distintos grados, la importancia de generar un cambio de comportamiento positivo intencional entre los usuarios de servicios financieros, ya sea para el beneficio del propio usuario, la rentabilidad del proveedor, o ambos.

Entre las mayores plataformas de educación financiera en México están las de BBVA Bancomer, Banamex y Banco Azteca, que, con algunas variaciones, son mecanismos unidireccionales de suministro de información al público. En el momento en que se realizó el estudio, ninguno de ellos medía sus programas en relación con el valor de su aportación al negocio, pero sí expresaron su interés por comprender mejor la eficacia de sus programas y han comenzado a tomar medidas iniciales para evaluar el cambio de comportamiento en los usuarios. Por otro lado, la parte comercial de estos bancos ya está experimentando con actividades de creación de capacidades integradas a la oferta de productos.  Éstas constituyen algunos de los aspectos más innovadores de su trabajo en generación de capacidades financieras y a las que valdrá la pena dar seguimiento a futuro (mayor información sobre estos aspectos innovadores en el informe).

Adicionalmente, existen diversas iniciativas, tanto de proveedores de servicios financieros como de plataformas tecnológicas independientes, que mejoran la oferta y el uso de servicios financieros y que pueden aprovecharse para ayudar a los usuarios a comprender, visualizar y administrar mejor sus finanzas. Todas son iniciativas relativamente recientes y ninguna ha alcanzado una escala considerable, pero son innovadoras y prometedoras, e incluyen kubo.financiero, kiwi y ZaveApp, por mencionar algunas.

Sin menoscabo de lo bien intencionados que puedan ser la mayoría de los esfuerzos públicos y privados para promover la educación financiera, ya es tiempo de alejarse de solamente contar el número de materiales de educación financiera producidos, de cursos realizados y de gente capacitada y direccionar la atención hacia generar diferencias intencionales, tangibles y medibles en las vidas financieras de los usuarios, ayudándoles a desarrollar las capacidades que les permitan tomar decisiones financieras acertadas en el momento adecuado.

Para acceder al proyecto de capacidades financieras del CFI, haga click aquí, y para la reseña de iniciativas en México, haga click aquí.   

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